Vivimos en una sociedad en la que la vida útil de la gran mayoría de las cosas que compramos apenas llega a los cinco años. ¿Damos verdadero valor a todo aquello que nos rodea?

Me he hecho un propósito. Sé que es difícil y quizá no siempre pueda llevarlo a cabo. Pero estoy empeñada en conseguirlo y quiero compartirlo con todas vosotras. A partir de hoy no voy a comprar nada sin antes saber algo de la historia de ese producto: quién lo ha fabricado, de qué empresa se trata, si lleva mucho tiempo dedicándose a esto o si acaba de empezar, si es una gran multinacional o si es un pequeño fabricante familiar, etc. En definitiva, qué hay detrás de cada objeto, alimento, prenda o material de dibujo que entra en mi vida. Mi principal objetivo no es saber en qué condiciones están los trabajadores que lo fabrican o cómo elabora la empresa sus productos (también es otro de mis propósitos, pero muchas veces es realmente complicado de averiguar), sino lo que quiero es dar valor a todo aquello que tengo a mi alrededor. No quiero llenar mi casa con objetos de los que ignoro toda su historia: de dónde proceden, quién ha pensado en un diseño tan original para que me llamara la atención, etc. Me niego a seguir rodeada de un mundo tan superficial, del que me costaría muy poco deshacerme. En cierto modo, de tener un entorno de usar y tirar. De ahí viene esa frase que me ha acompañado durante tanto tiempo: “NO LO TIRES, HAZLO INMORTAL” 

Lámpara fabricada con un bote de conserva, en mis pinitos con la reutilización y que me acompaña cada noche.

 Vivimos tan rápido y estamos tan pendientes de modas, de lo que hoy se lleva, de lo que queda ‘bonito’, que damos poco valor a lo que tenemos. Esto provoca además que esa filosofía se traslade también a otros aspectos de nuestra vida: al trabajo, a nuestros amigos, amigas y familiares, a nuestros hobbies… Dejamos de valorar el presente y preferimos ver qué está pasando en nuestro móvil, a levantar la vista y disfrutar de la realidad.

Vivimos tan rápido y estamos tan pendientes de modas, de lo que hoy se lleva, de lo que queda ‘bonito’, que damos poco valor a lo que tenemos

Hagamos un alegato contra la obsolescencia programada no solo de la tecnología :), sino contra la que nosotras mismas le damos por ejemplo a la ropa. Llenamos nuestro armario de prendas sin historia, en las que buscamos gastarnos lo menos posible y que nos gusten simplemente para un rato. Objetos efímeros que tal y como han llegado se marchan, sin dejar ninguna huella. No se trata de dar un valor excesivo a las cosas materiales, cuantas menos mejor, pero sí de dotarlas de un significado, de una historia. Ya sabemos que las verdaderas cosas importantes en la vida no son cosas.

LA DEVALUACIÓN TAMBIÉN AFECTA A NUESTRO TRABAJO

He puesto como ejemplo la moda, pero creo que esta devaluación está extendida en muchos otros ámbitos. En mi experiencia profesional como diseñadora e ilustradora (seguro que también os ha pasado a muchas de vosotras) he vivido experiencias en las que un cliente busca sencillamente pagar lo menos posible por un servicio, sin valorar y casi sin querer conocer el trabajo que hay detrás, quién lo hace o qué experiencia tiene. Así lo que conseguimos es depreciar el valor del trabajo.

Con el precio que pagamos por determinados productos creo que también estamos expresando cómo valoramos ese servicio u objeto. No podemos pretender pagar un precio ínfimo y luego obtener un maravilloso resultado o un producto que nos resuelva eficazmente nuestras necesidades. Pero actualmente, queremos tenerlo todo y cuanto antes. Quizá sea mejor parar y si hay algo que queremos y no podemos pagarlo de inmediato, esperar, ahorrar y finalmente comprarlo al precio justo con el que verdaderamente estemos valorando todo lo que hay detrás.

Querer pagar poco por determinados productos, no es solo devaluar el producto en sí, también el trabajo que hay detrás

Desde mi pequeña tienda www.rebecazarza.com también he intentado contar historias a través de las ilustraciones, ofrecer productos que tengan algo de mí pero que podáis hacer vuestros. De esta manera, he querido aprovechar el valor de las ilustraciones y estampados, lo que expresan y nos cuentan, para llenar espacios e incluso para sacarlos de los marcos y que se integren en las paredes con los papeles pintados, o que puedan dar personalidad a otros formatos. Siempre he pretendido huir de las modas pasajeras y que los productos puedan tener una nueva vida, resistan al paso del tiempo y que además de reciclables, sean reutilizables.

Creo que es importante que llenemos nuestra vida de historias, de significado; que nos fijemos un poco más en todo aquello que nos rodea y que demos valor a nuestro entorno. Yo comenzaré por intentar conocer un poco más todo aquello que desde hoy entre en mi vida.

Rebeca Zarza

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